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"Sus manos son más grandes"
Y o me resistí mucho a entregarme a la vocación. Lo pensé por más de cuatro años. Sinceramente no quería consagrarme a Dios y deseaba seguir construyendo mi vida aprovechando las oportunidades que se me ofrecían. Mi ilusión era ser un gran empresario y me preparaba para ello. A los 12 años pedí a mi papá que me diera la oportunidad de trabajar en una empresa de reaseguro durante el verano. Seguramente no fue un deseo realizado con una conciencia plena, pero ya lo veía como el primer paso para ganar dinero con mi propio esfuerzo y conocer el mundo de la empresa.
La experiencia fue extraordinaria; por ello decidí repetirla el siguiente verano. Independientemente de la experiencia laboral que tuve, me llamaron mucho la atención las relaciones superficiales y banales que existían entre algunos de los empleados de la empresa. Yo pertenecía al ECYD (grupo de adolescentes que dirigen los legionarios de Cristo) y me incomodaba el que estas personas no conociesen a Dios por el hecho de trabajar en una empresa financiera; sin embargo, veía que ellos no tenían la culpa, pues una oficina tampoco era el lugar más adecuado para el sacerdote... ¿Qué culpa tenían, pues, de que no hubiera nadie que les predicase? Esto me inquietaba y así comenzó la idea de consagrarme a Dios como seglar para poder trabajar en estos ambientes y ayudar espiritualmente a las personas que trabajan en el mundo de la empresa y las finanzas.
La idea me parecía buena y la creía compatible con mi deseo de ser un empresario; pero la "buena vida", la universidad y la posibilidad de tener una empresa propia me obligó a aplazar la decisión de consagrarme. Disfrutaba mucho con mis amigos, con mi ambiente social, con las fiestas, con tantas cosas que me parecían estupendas. En la universidad el decano de la facultad de administración nos dijo que sólo uno de cada tres saldría graduado. Me propuse ser uno de ellos y, con un buen grupo de amigos, nos dedicamos decididamente al estudio. También se perfiló la posibilidad de tener una empresa propia con las facilidades que en aquellos años el gobierno mexicano ofrecía para la exportación. Yo pensé en exportar plata y ónix a los Estados Unidos aprovechando un contacto que parecía prometedor. Asistí a varios cursos en el Instituto Mexicano de Comercio Exterior y se veía muy factible la posibilidad de comenzar una incipiente empresa propia.
Carrera profesional, posibilidad de una empresa propia y una vida cristiana buena, parecía una buena mezcla para lograr la satisfacción que buscaba, pero debo decir que mi experiencia era contraria a lo esperado. Todo esto me ilusionaban muchísimo, pero, al poco tiempo, una vez que me habituaba a las cosas, la ilusión se esfumaba indefectiblemente. Así me pasaba siempre. Me daba cuenta de que las cosas no resisten al tiempo, se vuelven viejas. Esto lo apliqué a mí mismo: "Dentro de 40 años ya tendré casi 60 y habré vivido buena parte de mi vida".
Comencé a titubear en mis planes. Yo mismo notaba que me detenía ante los nuevos retos porque implícitamente renunciaba a ellos sabiendo que un día se iban a terminar. Yo quería permanecer y me daba cuenta de que las cosas externas no me lo aseguraban. Quería tener la seguridad -como cualquier empresario- de invertir en el lugar que me diera los mejores réditos al menor riesgo, pero no encontraba una oferta que me diera todas las seguridades.
"Sus manos son más grandes",me dije un día ante la imagen en bronce de un enorme Cristo elegantemente deformado de 6 ó 7 metros que se encuentra en la Iglesia de San Ignacio de Loyola en México. Ante esas manos, proporcionalmente muy grandes respecto a la figura, me di cuenta de que Dios me ofrecía sus manos para llevar adelante mi vida y afrontar el compromiso de la consagración seglar que años antes me había planteado. Veía ante mí un camino que me daba seguridad, no por mí mismo sino por quien me guiaba. Una gran paz invadió mi alma, Dios me decía que si el "yugo es grande, la carga es ligera". Ahora lo digo con mucha facilidad, pero recuerdo que tuve que sufrir mucho para llegar a esta conclusión.
El momento más difícil fue decirlo a mi papá. Yo pensaba que no iba a entender mi decisión. No pude contener las lágrimas al decírselo, pues sabía que él no había escatimado ningún sacrificio para que tuviéramos la mejor formación. Creía que iba a pensar que me iba por temor a enfrentar la vida. Para mi sorpresa su respuesta fue: "Yo les he educado para que cada uno escoja lo que quiere ser en la vida y se esfuercen por ser el mejor. No importa que sea barrendero, pero que sea el mejor. Si yo me opusiera a tu decisión, iría contra mis principios de formación y yo, contra mis principios, no puedo ir. Te puedes marchar, y recuerda que siempre tendrás aquí tu casa". Ahora mismo no puedo decirle a papá si he sido el mejor en este camino -porque estoy seguro de que no lo he sido-, pero puedo asegurarle que he sido fiel a la palabra que un día le di a Dios para seguirle.
A los pocos días entré en la vida consagrada seglar en el Movimiento Regnum Christi para poder llegar a aquellos ambientes que conocí en mi experiencia laboral a los doce años. Después me di cuenta de que Dios me pedía que yo mismo fuese sacerdote y, por ello, ingresé a la vida religiosa en la Legión de Cristo.
Estos 18 años de camino hacia el altar no han sido fáciles. A veces he dudado, he experimentado mi debilidad, he caído, pero siempre, a pesar de todo, he seguido buscando esas manos que siempre disipan la tiniebla y que me ayudan a comprender que jamás podré ser dueño de la vocación que he recibido ni hacerla objeto de dominio. Ahora, antes de recibir el sacerdocio, vuelvo a buscar esas manos que mis padres me enseñaron a buscar y me confío a ellas para que siempre lleven adelante este camino que hoy vuelvo a confirmar.Nació el 20 de agosto de 1965 en la ciudad de México. Realizó sus estudios en el Instituto Cumbres y en la Universidad Anáhuac. En 1984 consagró su vida como seglar en el Movimiento Regnum Christi. En 1992 comenzó su vida religiosa en el noviciado de Salamanca (España). Es licenciado en administración de empresas por la Universidad Anáhuac (México), licenciado en filosofía por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma), bachiller en teología por el mismo Ateneo, cursó el PIL en Harvard University (Estados Unidos) y actualmente estudia la licenciatura en derecho canónico en la Universidad Gregoriana (Roma). Ha desempeñado los puestos de director de finanzas en la Universidad Anáhuac y administrador territorial de México y América del Sur, entre otros.